Los Que Me Habitan

 

Quisiera detener esta furia nocturna que me provoca la luna. Quizás sea alguno de mis ancestros que me habita y se prende de mi sorprendida alma que cabalga  como una alucinada, sostenida del cuello de un caballo invisible.

 

O a lo mejor es algún indígena, pariente muy lejano que amarrado a mis pensamientos pelea aún por su libertad en la oscuridad de la noche, montando un caballo brioso, en pendenciera búsqueda de su destino.

Siento mientras camino por la orilla de la costa que aquel tío Abrahán me pone una caña de pescar frente a los ojos, y que atrapo todas las estrellas que taponan el espacio junto  a sus sirenas que cantan una canción de amor.

Me siento empujada por los celos de tía  Herminia que me patea el pecho y en la alucinación relampaguea mi ira porque él,  no ha vuelto aún.

¿Qué me lleva a tender la ropa en abusivo orden? ¿A organizar la historia que vive en cada libro? ¿A hacer un círculo perfecto de macetones en mi jardín de vida? Tal vez sea la madre obsesiva que me acaricia y dice junto a mi oído:-Cuidado hija, cuidado.

¿Qué es esta necesidad desesperada de arrojarme al agua y enloquecer de alegría entre las olas? ¿Algún abuelo marino?

¿Qué me impulsa a descalzarme, a quitarme la ropa y sentirme abrazada por la piel más libre que se pueda imaginar? ¿Alguna lejana, muy lejana tatarabuela con sueños de vampiresa?

¿Y mis encierros de sometimiento? ¿Mis deseos de aprobación? Será alguna abuela gallega de carácter reprimido que me contrae los nervios y el pensamiento?

¿Y el hartazgo? Ése, el que planta mis pies sobre el piso y ve la realidad más simétrica que la propia realidad. ¿Habrá en mi sangre vestigios de algún antepasado perfeccionista?

¿Por qué siento que habla mi prima Laura cuando me enojo? Su voz sale a través de mí, y me contraigo de rencor cuando alguien me traiciona.

Toda yo soy habitáculo de seres que se apoderan de mi espíritu, a veces libero ansiedades retenidas y soy líder justiciera, otras…me debato en rencores lejanos y otras mil… soy diferentes personajes en relatos ajenos, fuente de vida en pechos masculinos,  soy el vientre universal y misterioso de todas las mujeres. Viejos fantasmas que ríen por mi boca o sufren con mis penas.

Me quedo en cada amor de cada una de mis vidas,  y soy capaz de empuñar la peor de las armas en las guerras: la indiferencia.

¿Qué prostituta desde el espacio de alguna de mis familias, enciende mis  pechos y mis piernas, cuando salgo a la carrera y me revuelco en la arena?

Algún personaje de qué relato ha sido mi amante y todavía hoy calienta mis sentidos, respirando inquieta ante el recuerdo que no consigo dilucidar?

¿Quién desde lo desconocido, atropella mis días en oficina,  estudios, poesías, belleza, vulgaridad,  malos humores, desencuentros y culpas? ¿Será ésta mi Ítaca? ¿Otra vez esperaré en vano?

¿Quién de todos los que me habitan me empujan  a atravesar el espejo en que me miro y no me reconozco? ¿Quién me lleva hacia el otro lado del cristal de donde sé que no volveré?  Pues ya he llegado desnuda, sin voz, sin voluntad y sin mis huesos. Sin embargo en algún lado estoy, desde donde veo gente que me llora, que pronuncia mi nombre evaporado en el azogue en el que se derriten, consonantes y vocales.

Sin reglas,  ni leyes, ni cancerberos. Sólo con tierra y lamentos, algunas gaviotas pero lejos del mar. Muy lejos.

Y con vos…

 

(La obra central que acompaña mi relato es de Mónica Fernández, artista mexicana)

 

Norma Aristeguy

Autor: Norma Aristeguy

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