Con la Ropa Tendida

 

Y de pronto se dio cuenta  que la ropa volaba, volaba y volvía.

Nada como una cuerda para sostenerla,  limpia, muy limpia, con aroma a jabón, ese jabón con el que había que limpiarse la boca después  de decir algunas palabras cuando niña.

La libertad prendida con broches como los recuerdos, algunos muy gruesos, de imperiosos sentires, difíciles de sostener. La libertad soltando blancuras al viento, recuperando el aseo de los buenos momentos, de los pensamientos balsámicos, de las risas perdidas en las voces que no han de regresar. Liberarse así de las angustias que forman un cerco en la garganta.

Dejar que se agote la humedad de cada prenda y que sea posible esconderse del futuro en las panzas de las sábanas, en el hueco del tiempo por venir, alisar esperanzas en las arrugas inevitables y desatar los nudos de las mangas sin brazos .

Tender, colgar alegrías y llantos en cada prenda, volver así al vientre materno pero esta vez sin placenta, sin contracciones,  sólo lavando y prendiendo hilos que construyan las notas musicales de “Castillos en el aire”.

Poner a salvo de  tormentas las prendas íntimas y  débiles,  que se dejarán llevar de vuelta por el eterno lazo de los miedos.

Volar, volar muy alto, salida de un globo explotado  de sol,  en una escapada al espacio acompañando  a algún pájaro  de luz,  o a algún  “Himno a la alegría “ con que una vez,  la generosa sordera  de alguien  dibujó en un pentagrama universal.

Norma Aristeguy

Autor: Norma Aristeguy

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2 Comentarios

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    Un verdadero placer leer este texto mágico y sugerente… Felicitaciones Norma!!!

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    • Norma Aristeguy

      ¡Ahhhhhhhhhh estimado profesor Ricardo Mónaco, es todo un honor volver a tener su opinión en uno de mis trabajos! Muchísimas gracias. ¡Cuánto le debo a sus clases que escucharon mi vocación y la alentaron!. Siempre recuerdo sus palabras: “Hay que sugerir en la escritura, hay que sugerir, no se debe decir todo”. Estas formas de publicación nos suelen dar estas sorpresas de encontrarnos con gente a la que uno no olvida, sobre todo cuando se ha sido tan generoso cuidando y guiando el conocimiento en los demás. Un abrazo y otra vez, muchas gracias.

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