posesion_nLa ama tanto que la quiere sólo para él. No es conveniente mirar a otro.

Siempre  se lo repite. Se lo murmura al oído mientras aprieta su muñeca por detrás de la pequeña cintura. Hasta que ella se queja de dolor, entonces mirando hacia ambos lados, él afloja la presión, pide perdón por su vehemencia y la besa.

Ella le teme pero sabe cómo tranquilizarlo, sólo tiene que entregarle toda su atención. Quedarse así entre sus brazos y que nada ni nadie la distraiga. Tampoco mencionar otro nombre. Otros nombres. Eso lo enoja y lo enferma de celos.

Después de todo es por amor… ella es suya.

Pero un día la frondosa oscuridad  se sienta con ellos en la mesa de las dudas, de la incertidumbre, del miedo.Y entonces,  la noche se vuelve agresiva, violenta.

Hasta que el acero de la locura entra en forma desbocada, una, diez y más; tantas y tantas  veces, que provoca en la escena ese olor tibio que expele la sangre de  la inocencia enamorada,  y  la tragedia  escuece.

Es el último aliento de horror y de sorpresa y un par de ojos fijos, desorbitados, mirando ya sin ver, todavía incrédulos.