la_improntaElla se paseaba sin hablarme, no me tenía en cuenta.

Siempre pensando, soñando, leyendo, leyendo la vida con los ojos llorosos, y un jazmín estrujado en su falda.

De sonrisa cerrada y de mirada  extensa, como si viniera de vuelta de todas las estaciones.

Se la veía cansada como si algún sueño le desorbitara la espera, una espera que nunca pude entender.

Y  un buen día, me le acerqué tanto que pude oír  todo lo que no decía, lo que no contaba, lo que no gritaba.

Llegué hasta el vientre de su madre y lo supe todo.

Y entonces… la maté.

Me seguí hundiendo hasta amigarme con las olas, sólo para renacer.