libro_  A menudo me pregunto por la realidad. Aunque  es inevitable el deseo de saber cuántas realidades hay. Habiendo leído un poco, confieso que me atrapa la idea de mundos escondidos, en cada uno de los libros  que contienen diferentes vidas y aconteceres.

¿Cómo puede convivir tanta gente en un ámbito, y éste estar junto a otro, al lado de ése, encima y debajo de aquél?

¿Cómo tolerarse, comprenderse, oírse, odiarse, amarse y hasta recordarse, gestando la posibilidad de nuevas vidas virtuales?

Me maravilla la literatura y me atrae el misterio de un proceso, que no tiene fin ni principio.

Los aparecidos y resucitados se deslizan por historias de terror, de horror y a veces, de amores desencontrados, que logran la felicidad de los que han quedado, y otras, las venganzas más sutiles.

¿En qué oscuridad se esconden las luces de tantos escritores, con sus propios secretos y deseos incumplidos?

¿Cuántas sombras atormentan desde los anaqueles del mundo, a tantas almas desprevenidas, cuando abren un volumen?

¿Dónde yace la vida eterna del verdugo cansado de que se lo haga depositario de la miseria humana? ¿Dónde van las almas de los que él ha ajusticiado y que vuelven, cada vez que se las lee? ¿En qué hueco del planeta están los gritos de los atormentados, que suenan desde signos repetidos?

¿Dónde está, dónde queda ese espacio aterrador del que se vuelve hasta el infinito?

Complicada convivencia la de Barrabás, Jesús y los apóstoles, con sus  traiciones, bondades y arrepentimientos.

Éste es el único lugar dónde se puede jugar ajedrez con Dios, dónde la locura puede rescatar al protagonista de la miseria espiritual y material que lo persigue.

En este hábitat reina el orden de un gran desorden de: sentimientos, valores, actitudes, instintos y supuestos. Es la mezcla de razas e idiomas que esparcen olores silenciosos, sospechosos, y la vergüenza  de guerras jubilosas, que nos cuentan de su razón y su sin-razón, y de sus grandes hombres que nos someten, sin vernos ni escucharnos.

Amores encontrados, correspondidos y los que no. Ya son. Ya existen, aunque se vuelva a escribir la historia, ya hay una en existencia desde que sale del pensamiento humano, y es imposible desconocerla. Su trama está, es una parte del que la ha dado a luz, ya existe en algún lugar atemporal.

Las fuerzas ocultas de cada personaje convergen y lo llevan a una determinada actitud en una determinada situación, imprevista e inesperada, a  veces hasta para quién la escribe.

Todo confluye también, en las fuerzas ocultas de quién las lee, y se sitúa en connivencia con una realidad que ya no puede evitar.

Imagino al hada tocando el hombro del general y consiguiendo que éste, la escuche y la comprenda, o no. Tal vez él la torture o la condene a muerte, o se enamore de ella perdidamente y esto lo lleve a suicidarse, tantas veces como haya cometido una injusticia.

La literatura es además, el encuentro con todo lo que se puede repetir como una bendición o un castigo, aunque también ésa es una realidad mentirosa, porque puedo leer el mismo relato una y otra vez, pero mis pensamientos son distintos,  y mis sentimientos,  y mis emociones, y mi interés… o desinterés.

Todo lo escrito es un mundo misterioso, cambiante, sorprendente, posible, lleno de energías mutantes, calladas hasta  caer en la palabra, en el grito ensordecedor o silencioso. Hasta la mueca de rebeldía, dolor, pena, muerte  y resurrección constantes.

Enredado compuesto generacional e ideológico, poblado por mujercitas y hombrecitos, que desde sus páginas observan una guerra del cerdo, en tiempos difíciles, y con algún lobo estepario que siempre deja una puerta abierta, para tener un último refugio.

La realidad literaria es (como la persona) mucho más grande que su manifestación visible. Penetra con su expresión, en cada una de mis partes, en cada célula o animando a todas ellas.

Espacio de los opuestos a través de los siglos, flameantes dioses y diablos, espíritus santos y satanes, maléficos seres y ángeles, se dejan morir para volver a empezar.

Si toda la vida es sueño, en esta divina comedia de la existencia escrita, aún no se ha tomado conciencia de haber descubierto el sendero a la perpetuidad.

Es bueno compartir con Horacio el peso de lo que uno puede echar sobre sus hombros y hacerse responsable también de lo que lee, lo que no quita que todo exista y esté generando nuevas creaciones, en cada conclusión u opinión, dando así el soplo milagroso a un eterno retorno.

Voy llegando hacia el final de mi divagación y con ella,  he vuelto al principio, pues buceando en las eternas realidades literarias, acabo de gestar otra.

La magia me envuelve y en un desatino de ideas, se me ocurre pensar en la posibilidad de que quizás sean ellas, las realidades plasmadas en el papel, quienes nos eligen, que sus personajes discuten cuándo y cómo los conoceremos, y que nos llevarán por el camino de la palabra, a una vida permanente desde nuestro pensamiento.

En  última instancia, siento que he entrado a un lugar desconocido en busca de la solución de un misterio, y no sólo no he podido dilucidarlo, sino que he quedado atrapada en su secreto.