De pronto una música que escucho dentro de mí,  me trae tu recuerdo y voy por un costado del pensamiento bordeando imágenes, como si el tiempo las descerrajara para que tome conciencia del hoy, de ese hoy que me llega y del que no quiero desperdiciar nada, no quiero que se me derrame, ni que se me caiga de las manos tanta estrella, tanto   sol, tanta risa acaparada por los años, tanta impronta lunar que lava  sombras, tanto oro  atemporal, ese oro que todavía no existía antes de tantas muertes con la promesa de renacer y volar,  una y otra vez,  hacia un celeste  reencuentro eligiendo nuevamente este universo.

El hoy me deja  la feliz realidad de lo soñado,  y además,  un inmenso cráter donde cayeron los días jóvenes, la sinuosidad de mi figura, la elegancia de mis piernas bailando sobre tacones, el sonido de unas faldas orgullosas de caminar sobre el viento, los abrazos  primaverales y una boca de verano.

Todo quedará allí en el pozo del hondo, muy hondo tiempo,  pues  hoy…  estrenaremos juntos todos los rojizos ocres que nos restan por vivir.

 

(Ambas imágenes son del artista plástico: Leonid Afremov)