Final de Espuma y Sal (Homenaje a Alfonsina Storni)

Sin tu permiso y a hurtadillas,  entro así, rompiendo  versos.

Me desboca  mi prosa en una salvaje y atrevida intromisión porque al leerte,   cada vez que lo hago  me vuelvo a sorprender, me conmuevo,  me desintegro en penas y alegrías,  y en un atropello a tu poesía, me siento herida por la voracidad de sombras, de contradicciones, de esa espumosa rabia que deja el sabor de tiempos idos, tiempos duros y de ausencias, y como mujer,  me identifico.

Ella es todas  las mujeres y él, todos los hombres.

Nunca ha estado tan sola ni tan acompañada, ella, y su mezcla salina de sentidos incontrolables y palabras brotadas hacia adentro,  que se van mojando de a poco y lentamente, desollándola en la espuma que le aletea en los poros, trepando cada centímetro de su cuerpo, de su vida, hasta abrazarle los oídos donde golpea alguna antigua voz.

Nunca antes el recuerdo masculino le había parecido tan cruel como esa noche irreparable.  Ha subido la marea  y el  oleaje, como un osado criminal,  se trepa hasta su cuello y luego inunda su garganta de una angustia que ahoga los gemidos parecidos a su llanto, parecidos a su lírica.

El esbelto movimiento marino la azuza como las sirenas a Ulises, su mente vaga en remembranzas, en la congoja de lo que no fue:  “…Y si llama él no le digas nunca que estoy, di que me he ido…”

Los versos se van hundiendo también, pero el sonido no se apaga en la desolación, sino que aborda sus pensamientos en un desmán de ideas, últimas ideas “…Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas…”

Ya sus ojos comienzan el exilio y se llevan hacia otras playas, residuos de verano, costas sin lunas y el tiempo que le ha pertenecido.

Esa, que ella ha sido, se derrama ahora en la morada de peces y corales. La otra, la que es, se aleja en  la espuma intransitable sobre las alas de una gaviota triste,  y vuelven una y otra vez en su mirada ahora,  simultánea,  aquellos versos en círculos bajo llave: “ Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…”

 

Norma Aristeguy

Autor: Norma Aristeguy

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