Locura

Locura

-Oficial, vengo a entregarme. He matado a mi mujer.

-A ver señor, pase por acá. Siéntese. ¿Qué es lo que dice que ha hecho?

-¡He matado a mi mujer!

-Bueno, cuénteme.

-¿Qué quiere que le cuente? Si se lo estoy diciendo!

-Cuénteme cómo la mató.

-Con mis manos. Con mis propias manos. La he ahorcado.

-¿Cuándo ha sido eso?

-Anoche, después de hacer el amor.

-Ah ¿Y dónde ha sido?

-En mi casa. En nuestra cama.

-Pero hombre, ¿Por qué lo ha hecho?

-Iba a dejarme. Tenía otro.

-Che González, vení, te necesito en la máquina. Tomá nota.

-Diga su nombre y dirección. Bien. ¿Cómo sabe que tenía otro? ¿Ella se lo dijo?

-No, no la dejé decírmelo. Pero ¿por qué otra cosa una mujer dejaría a un marido que le  da todo?

-Sí, casi siempre hay otro en discordia. Pero usted no está seguro. Mire que eso sería un atenuante.

-Lo sé. Tenía otro.

-¡Hombre!

-Le digo que lo sé.

-Explíquese.

-Mire, ella es… era una hermosa mujer. No necesitaba de muchos arreglos para ser mejor. Pero últimamente, se ponía ropa tan ajustada que le marcaba las formas como si estuviera desnuda. Peleábamos bastante por eso.

-Bueno las mujeres modernas usan ropa apretada, ese no es motivo para…

-Cambió de peinado, se pintaba las uñas, ¡se ponía tacos altos! Yo se lo había prohibido desde que nos casamos, porque era más alta que yo.

-Pero eso es sólo una desventaja en la apariencia, las mujeres…

-Ayer la pesqué justo, porque no la dejaba salir sin mí, y a propósito como si me lo imaginara,  salí antes, para ver si ella estaba en casa fuera de mi horario de oficina.

-Escuche, ¿usted es o se hace? Me está diciendo que mató a su mujer por la forma de vestirse y porque salía sin usted?

-Es que había otro. Lo sé. De lo contrario ella me hacía caso en todo. Nunca tuve que levantarle la mano. Ni amigas tenía.  Comprendió mi mensaje, el día que la encontré con una en casa y se la eché. Yo sé mucho de malas influencias. Lo veo a menudo con mis compañeras de trabajo.

-Gonzalez, terminaste? Dejá, después seguís con eso. Ahora llevate a éste al calabozo hasta que venga el comisario. ¡Qué loco de mierda! Si realmente hubiese habido otro…

Norma Aristeguy

Autor: Norma Aristeguy

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